El niño que la calle olvidó.
Abel, un niño de 11 años, sabe que los alimentos en estado de descomposición que consigue en la basura no son los mas suculentos, una expresión de repugnancia por el espagueti viscoso y maloliente, que contradice su sensación de tranquilidad por encontrar un bocado. "No se puede despreciar lo que otro no aprovecha" es la frase de todos los días, y era cierta, aunque estuviese con un aspecto de putrefacción, espaguetis en la basura, eran una aguja en un pajar en la Venezuela de 2017. Abel, hijo de la calle, un malparido de la sociedad, con su padre preso o probablemente muerto en la cárcel de El Rodeo, y su madre mendigando algunos bolívares entre alcohol, perico y sexo en las escalofriantes noches de las calles del barrio; es un niño sin miedo a la vida ni a la desvida (muerte), ladrón por excelencia, pedigüeño por necesidad, le fascina jugar a los dados con los demás ladrones y vendedores. El dinero en efectivo que consigue en el día, lo apuesta por las noches, hasta que de...